SI YA NO SON POBRES, ¿AHORA QUÉ SON?…
Por Gabriel Dorantes Argandar
Buen día, apreciado lector. Henos nuevamente por aquí, tratando de no sacarme los ojos cada que veo cualquier noticia de relevancia nacional. Leo las discusiones al final de las notas o en redes sociales, y me invade una profunda tristeza de observar lo fácil que fue ponernos a pelear entre nosotros y dividirnos en facciones para poder controlarnos con mayor eficiencia. ¿Es usted de derecha, o de izquierda? ¡Qué más da! El país se hunde, la economía se estanca, y los de arriba se siguen forrando los bolsillos. El tema de esta semana es la pobreza, esa palabra que asusta a muchos y alegra a más de un par. La pobreza purifica, ¿cierto?
Su servidor algo sabe de estadística, y otro tanto de política. Lo que aquí le voy a plasmar son hechos, no tiene nada que ver con ideología. Personalmente me considero apartidista y de ideología de centro extremo. Pues bien, entremos en materia. Hace unas semanas se anunció con bombo y platillo que las acciones tomadas durante el sexenio anterior ayudaron a que 13 millones de mexicanos pudieran “salir de la pobreza.” El estandarte del gobierno anterior fue algo al respecto de la prioridad de ser pobres. Le adelanto que hacer que un 10% de la población de un país determinado migre de un nivel a otro en la escala de la movilidad social en un periodo menor a cincuenta años es simple y sencillamente imposible. ¿De verdad cree usted que uno de cada 10 de nosotros dejó de ser “pobre”? Un fenómeno así requiere de por lo menos tres generaciones, si no es que más.
Pues bien, vamos a empezar con la estadística. Por ahí de 2020 cambiaron la estadística del ingreso, antes se medía “per capita” (ósea, por choya), y ahora se mide “per familia,” lo cual no queda muy claro cómo se mide más allá de “el colectivo de individuos que comparte una sola residencia.” Si observa muy bien usted el modelo de familia en los núcleos suburbanos y subsuburbanos contemporáneos, encontrará que muchas familias viven en estado permanente de hacinamiento. Esto es, en una sola casa puede usted encontrar una amplia variedad de bisabuelos, abuelos, adultos en edad de laborar, adolescentes, y niños. Ahora no se cuenta el ingreso individual, se cuenta el ingreso del conjunto entero.
Luego, se inventaron las becas del “Bienestar,” que no tienen nada que ver con las definiciones de Isaac Prilleltenski o Ed Diener o cualquiera de sus adeptos teóricos. Aquí se trata de varo, cantante y sonante. ¿Pertenece usted a la tercera edad? Tenga usted, amable individuo, una ayuda económica de parte de su político favorito. ¿Está usted en edad de acudir a la escuela? Tenga usted otra ayuda económica. ¿Además no asiste usted a la escuela? Tenga usted un poco más, pues lo habrá de necesitar. La medida, en el fondo, no es mala en sí misma, una ayuda económica no le viene mal a nadie, lo que está mal es el juego perverso de argumentos que se esgrime. De pronto tenemos una residencia con 10 o 15 individuos entre los cuales se puede alcanzar una suma de varias decenas de pesos, nada más de ayudas económicas del “Bienestar.” ¿Sabe usted de dónde proviene esa plata?
La Cheimbaum anunció (¿leyeron la nota donde dice Don Trompas que es hermosa?) que se cumplía con 90% de provisión de medicamentos a todos los centros de salud. Así, por arte de magia. ¿Cuáles fueron los mecanismos? ¿De dónde provino la materia prima? ¿Cómo se mejoró la infraestructura en tema de provisión a todos los centros, en especial los rurales y los de alta especialidad? ¿Ya le preguntaron a los niños con cáncer cómo están? ¿Se ha garantizado la educación hasta nivel superior para todos los individuos menores de 30 años? ¿Qué pasó con las universidades que se abrieron el sexenio pasado? ¿Ya se atendió el tema del cacicazgo en los sindicatos de todos los niveles del sistema educativo de este país? ¿Hay aulas dignas para todos? ¿Todos los individuos menores de 14 años tienen alimentos para satisfacer la necesidad de tres comidas al día, siete días de la semana, con una dieta sana y libre de productos chatarra? ¿Ya no somos el país número uno en obesidad infantil?
Pues bien, yo planteo la temática importante de estas líneas: ahora que ya no son pobres, ¿qué son? ¿Se afectó la estadística relevante al acceso a empleos formales, bien remunerados, y reconocidos por la autoridad hacendaria? ¿Cómo mejoró la calidad educativa, cultural, comunicacional, y de ocio de todos los mexicanos (ya deje usted los 13 millones que subieron de nivel)? Las estrategias del Bienestar en este país, ¿han mejorado el verdadero bienestar de su población?
Por lo demás, querido lector, siga sin salir de casa si no tiene a qué hacerlo. Siguen apareciendo cadáveres por doquier en mi glorioso estado de Morelos. El desempleo está por los cielos, y ahora que la fábrica de la Nissan se cambia de residencia buscando un mejor bienestar, nuestras autoridades están encantadas con el agujero negro económico que aparecerá durante la primera mitad del siguiente año.
Si pensaba usted endeudarse en los siguientes meses, le insto fuertemente a no hacerlo, pues el bienestar no ha muerto, nada más fue cosa de truquearle los números.




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