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EL SANTUARIO, LA FUGA Y EL NUDO QUE NO SE CORTA…

Por: Alfredo Soberanes

Hay un vacío muy grande en el centro del poder mexicano. Éste no se tapa con evasiones en la Mañanera, o con las recientes apariciones del expresidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ni con reuniones de emergencia en Palacio Nacional. Lleva ya una semana pululando y su origen no es un rumor cualquiera, sino que fue el descubrimiento del refugio de Jorge Amílcar Olán Aparicio, en Lugano, Suiza (un lugar que se sabía desde hace más de un año y que el aparato gubernamental prefirió ignorar hasta que la imagen reventó en pantalla nacional). Actualmente, el hombre desapareció nuevamente.

La paranoia que se respira dentro de Palacio no es casualidad, y se culpan unos a otros de la filtración, buscando al culpable en los pasillos del poder. Fuego amigo. Y eso, lejos de tranquilizar, debería inquietar más, porque significa que quienes manejan los hilos ya no controlan la narrativa ni los tiempos. La pregunta que todos hacen es: ¿dónde está Amílcar Olán? Pero no existe respuesta. Huyó de Suiza hace siete días y el gobierno mexicano, hoy supuestamente no tiene pistas. El Centro Nacional de Inteligencia mostró lo que ya se sospechaba, con una escasa capacidad operativa fuera de las fronteras, nula visibilidad sobre quien maneja millones y redes internacionales.

La pista que nadie suelta (y que se especula) apunta a Dubái. Fue escala misteriosa en su camino hacia los Alpes; un rastro que solo existe si se miran los pasos que no se debieron ocultar. Mientras tanto, Olán no huye de la justicia mexicana, porque supuestamente no hay acusaciones judicializadas en su contra. Huye por su vida. Tres mil millones de pesos transferidos antes de salir del país son tres mil millones de motivos para temblar. Ese dinero tiene dueños, y muchos de ellos pertenecen al llamado Grupo Tabasco, donde la red comienza a deshilacharse.

La detención de Justo Rivera Parrazales a mediados de julio fue el primer tirón fuerte. Ligado al Cártel del Noreste y La Barredora, surgido y fortalecido durante el paso de Adán Augusto López por la Secretaría de Gobernación, conectaba directamente con Olán y con el círculo más cercano al obradorismo. Y ahí, las voces coinciden detrás del escurridizo empresario tabasqueño, que se dibuja la sombra de los hijos del expresidente AMLO.

Lo que ocurrió la semana pasada en Palacio no fue el inicio de una investigación, fue el inicio de una contención. La orden llegó, es la de revisar y cancelar contratos con empresas vinculadas a Olán en todos los gobiernos morenistas. La presidenta Claudia Sheinbaum puso en manos de su secretario particular, Carlos Augusto Morales, la tarea de blindar jurídicamente lo que quede por salir. Y junto a él, Jesús Ramírez Cuevas, el estratega de comunicación de la 4T, prepara ya la contranarrativa, para mimetizar el tema y desviar la atención.

El temor real, no es que Olán aparezca, sino que aparezca al alcance de Estados Unidos. Si es detenido y extraditado, se convertirá en testigo cooperante, y su testimonio puede derrumbar a los López Beltrán (hijos de AMLO).

Lo que se revela aquí no es un caso aislado de corrupción. Es un sistema de protección morenista, que funciona a la inversa, porque se investiga cuando hay peligro de que se sepa, no cuando se comete. La Unidad de Inteligencia Financiera actúa ahora no por deber, sino por urgencia. El patrón se repite, así como en la Marina, con el contrabando de combustible, en las fiscalías que no tocan a los suyos, y en contratos que se firman bajo nombres que nadie revisa.

Lo cierto es que, Amílcar Olán es solo la punta. El resto del entramado sigue ahí, intacto, sostenido por el silencio que se cansó. Y mientras en Palacio disimulan con quién filtró la noticia, el tiempo corre en contra de todos los vinculados. La pregunta ya no es, dónde está Amílcar, sino hasta cuándo seguirá el poder mexicano poniendo por delante la protección de una familia, antes que la rendición de cuentas a la ciudadanía.

Reporte Exprés

¡Aguas! porque la detención de «El Tanque» puede tener un vínculo y una repercusión.

Audios señalan que el hermano de Amílcar Olán pidió ayuda a Iván Cazarín «El Tanque», presunto líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, a nombre de su consanguíneo, para proteger suministros de obras federales.

De confirmar nexos de Olán con el crimen organizado, se debe realizar una investigación por tráfico de influencias y lavado.

Ahí podría existir un vínculo de Andrés Manuel López Beltrán, que, aunque no hay evidencia directa con «El Tanque», la amistad y negocios con Olán, lo salpican.

Si «El Tanque» declara que los favores respondían a influencia política, el caso llega directamente al círculo de los López Beltrán…

Por cierto, ayer Andrés Manuel López Beltrán fue visto e idolatrado en el 15 aniversario de la fundación de Morena, el trato fue de rock star, entre fotos y abrazos.

articuloseptimo09@gmail.com

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