LA CAÍDA DEL IMPERIO POLÍTICO….
Por: Gabriel Dorantes Argandar
Buen día, apreciado lector. Henos nuevamente de vuelta por estos lares de la columna de opinión. Este hiato me ha permitido repensar muchas cosas, tal vez observar el entorno con un ojo más crítico, sin tanto compromiso laboral y sin preocuparme tanto por las consecuencias de mis letras. A final de cuentas, no se puede tener a Jean Marie Arouet como inspiración, y luego detenerse a uno mismo como opinador profesional (pues más de uno me ha dicho que mejor me guarde mis opiniones a mí mismo, cosa que no puedo ni pienso hacer).
El tema de la semana es el zafarrancho que se armó en la Cámara de Senadores, y aquí me permitiré describirle lo que veo y lo que se desprende de ello, todo sea por opinar. Afortunadamente su servidor no estuvo presente durante la trifulca, ya ve usted que soy invitado con frecuencia a finísimos eventos de tal envergadura. Sin embargo, de los videos que están corre y corre y corre en las redes se puede extraer tres grandes conclusiones. La primera, es que “Alito” está mucho más Mamá Dolores que el “Changoleón,” lo cual se adiciona con una diferencia de edad de por lo menos diez años, lo cual determinó el resultado de la batalla a puños (si así se le puede llamar) desde antes de que empezara. La segunda, es que Changoleón es mucho mejor estratega que Alito, pues fue experto en enardecer la ira de éste y la cosa se salió de control ante la mirada de todo el mundo (ahorita regreso a este tema). En estas cosas se tiene que tener en cuenta primero la opinión pública y luego la razón. La tercera es el hombre del polo color verde. Hace mucho escuché que el hombre más valiente es el que detiene una pelea, no aquel que la empieza (regresando al estado físico de Alito, pues su musculatura amenaza con romper su costosísimo traje de seda). Algunas notas sostienen que es empleado de uno, que es empleado del otro, que es empleado de la Cámara. Aunque fue quien peor resultó de la gresca, la escena posterior con el collarín y el cabestrillo improvisado colgando del cuello (por encima del collarín) es cuando poco, patética.
¿Quién fue el perdedor de la batalla? El régimen político en México. ¿Recuerda usted cuando actores de tal nivel dentro del aparato político eran mucho más civiles en sus comentarios y sus acciones? Yo tampoco. Hoy en día las cosas se disputen así, primero con agresiones y luego invadiendo los medios. Ya no importa la imagen de uno, del otro, y de todos, lo que importa es salir vencedor ante una opinión pública que cada vez produce opiniones más pobres (incluyendo la de su servidor), sin importar las consecuencias a gran escala de tales actos. Durante más de veinticuatro horas tuvimos que revivir vez tras vez los videos de una trifulca de república bananera en la que estamos atrapados. Para variar, medios internacionales atraparon la noticia, pude observar notas y videos en medios tales como la BBC y CBS, describiendo el estado político de mi amado país con lujo de detalle. Están viendo que los gringos juguetean con la idea de invadir este país, y luego le dan tal espectáculo al mundo entero de cómo se deciden las cosas por estos lares.
Estás líneas se escriben con tristeza, pues con estos eventos perdemos todos y cada uno de los mexicanos. Lejos quedó la clase, elegancia, y finura en el comportamiento de aquellos que nos representan. Ahora es sólo ver quién hace el mejor espectáculo, y no queda más que andar adivinando qué fue lo que se escondió con tales menesteres, porque tenga usted que con o sin la intención, esto fue una “Caja China.”
Así que como siempre, apreciado lector, si no tiene a qué salir, le ruego no lo haga, que la cosa se va a poner mucho más sabrosa en los siguientes meses y vamos gustosos al matadero, peleando enardecidamente entre nosotros mientras los de arriba se forran los bolsillos de billetes. No tiene usted idea de la cantidad de dinero que se maneja en estas alturas del aparato.
Porque su servidor no ha muerto, por mucho que les diera gusto a muchos.




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